Novicia Carmen

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Me llamo Carmen y soy novicia en el monasterio cisterciense de San Clemente de Sevilla. Mi vocación surgió, como casi toda vocación religiosa, en el seno de la Iglesia.

Estoy agradecida a Dios Padre porque me ha dado unos padres que me han querido y educado en los valores cristianos; vivir la entrega generosa y el amor incondicional de ellos, así como el compartir este amor con mis hermanas, ha sido la imagen de la ternura que Dios siente por sus criaturas cuidándolas amorosamente.

Después durante veinte años he vivido mi fe en una comunidad Neocatecumenal donde he experimentado la misericordia del Señor, el amor gratuito del Padre, amándome como yo soy, sintiendo la gracia de su perdón y recibiendo este don de la vocación contemplativa.

Puedo decir que este dejarse hacer por Dios no ha sido fácil, pues me resistía a la llamada ya que me miraba a mí misma viendo mi debilidad; Dios siempre respeta la libertad humana. Ahora, sé que El ha tenido mucha paciencia conmigo ¡Qué grande es el Señor! Cuando se fija en una persona o te dejas seducir por El, o por el contrario, te alejas y entras en un sin sentido, en un vacio, que nada ni nadie lo puede llenar porque pertenece sólo a Dios.

Tras largos años de luchas internas, en una convivencia le di el sí diciéndole como la Virgen María “hágase en mí según tu voluntad”, y desde aquel momento sentí una gran paz y todas las puertas se me abrieron.  En menos de un año ya estaba en el monasterio feliz y contenta, dejando mi familia, mi trabajo, mis amigos; renunciando a toda mi vida para empezar una nueva junto al Señor. Como dice San Pablo: “Dejando todo lo que está atrás y lanzándome a lo que está por delante”.

Lejos de pensar que la clausura separa, cierra o aprisiona, yo puedo deciros que me siento cada día más libre, es un misterio que dentro de estos muros del monasterio pueda sentir la verdadera libertad, esa libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sólo El puede quitar las ataduras con las que el ser humano por su naturaleza pecadora se liga a las cosas de este mundo, fabricando ídolos y rindiéndoles culto.

Sé que el Señor me ha puesto aquí para realizar la llamada, siento que está haciendo una criatura nueva, renovando y purificando mi corazón para bendecirle y alabarle constantemente. Pido la perseverancia y el don de su espíritu para ser fiel a esta vocación contemplativa recibida como un germen divino para gloria de Dios.

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